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Review u opinión juego JUST CAUSE 3

diciembre 22, 2015
just cause 3 analisis

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Rico Rodríguez vuelve a su lugar de nacimiento, la República de Medici, y se encuentra que está gobernada bajo la dictadura del malo malísimo General Di Ravello. Este ejerce un mandato opresivo y autoritario sobre toda la población, apoyándose para lograrlo en su propio ejército y en un grupo de mercenarios.

Frente a esta dictadura, un grupo de rebeldes lucha por liberar la República, y con la llegada de Rico Rodríguez esta revolución coge aún más fuerza. Estos nos apoyaran en las misiones con el envío de efectivos o mediante el apoyo armamentístico.

La historia es suficiente para darle consistencia a lo que verdaderamente importa, el destruir todo lo que podamos. Pero la falta de personalidad tanto de Rico Rodríguez, que destroza más que habla, como la del General Di Ravello, típico dictador de bigote y traje militar, hacen menos interesante una historia que ya de por si carece de fuerza.

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Nuestra misión es simple, nos tenemos que dedicar a sabotear y destruir todos los emplazamientos e infraestructuras del dictador, y a liberar los pueblos dejándolos bajo el dominio rebelde.

El territorio por explorar se encuentra divido en regiones y cada una de estas en provincias. Debemos de ir liberando cada región para ir ganándole terreno a las fuerzas dictatoriales a la vez que vamos avanzando en las misiones principales. El orden que sigamos es independiente, pudiendo ir liberando los territorios mientras hacemos las misiones, o ir liberando zonas completas para posteriormente hacer las misiones de forma más “tranquila”.

Las zonas a liberar se distinguen entre asentamientos militares, como pueden ser puestos de guardias o centrales de energía o de comunicación, y los propios pueblos. Las medidas de defensa de los asentamientos militares serán más duras, teniendo esto una doble visión: cuanta más artillería tenga el enemigo, más artillería podremos usar en su contra. En estos lugares deberemos de acabar con infraestructuras tales como satélites de comunicación, sistemas eléctricos o tanques de gasolina; mientras que los pueblos, menos militarizados, deberemos de acabar con elementos como la estatua del dictador, sus carteles de publicidad, su megafonía u ocupar la comisaria de policía, además por supuesto de izar la bandera rebelde, movimiento que indica la plena liberación del lugar.

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La forma en la que se acometen las misiones es la pieza clave de este título. A sabiendas de que la única regla a seguir es acabar con todo lo que sea significativo del poder de Di Ravello, podemos organizarnos como bien nos venga en gana. ¿Entramos en paracaídas y colocamos explosivos para provocar una concatenación de explosiones, utilizamos un RPG desde un helicóptero o nos servimos del arsenal del propio helicóptero? Todo depende de la imaginación perturbada de cada jugador.

UN CHICO DE ARMAS TOMAR

Es lógico que para provocar el mayor de los caos posibles, es necesario un completo armamento que nos de juego a la hora de elegir las distintas estrategias de asalto. Contamos para ser más exacto con fusiles de asalto, ametralladoras ligeras y escopetas como armas a dos manos; pistolas y subfusiles como armas dobles; lanzacohetes, lanzagranadas y fusiles de francotirador como armas especiales; y motos, todoterrenos, coches de todo tipos, vehículos militares, tanques, vehículos marítimos, helicópteros y aviones para desplazarnos y para aumentar nuestra potencia de fuego. A cuestas “solo” podremos llevar un arma a dos manos, una doble, una especial y de forma ilimitada explosivos GE-64. Todo el armamento y vehículos los iremos desbloqueando conforme vayamos liberando territorios y vayamos completando misiones principales.

Además de todo el sinfín de pertrechos militares a nuestro alcance, contamos con nuestro más que famoso gancho. Al más puro estilo Batman, el gancho sirve para encamarnos a todo lugar, vehículo o persona que nos parezca. Además de su uso más convencional, también sirve para hacer todo tipo de pillerías, como unir un soldado a un barril explosivo y crear un divertido petardo humano. También sirve de multiusos, como para darnos impulso para volar, levantar puertas o arrastrar vehículos.

Y como Rico Rodríguez esta preparado para todo, también contamos con unparacaídas y un traje aéreo. Elementos que sirve para escaparnos o desplazarse rápidamente. La utilización del paracaídas es totalmente simple, no así del traje aéreo, del que necesitaremos cierta práctica para sacarle verdadero partido. La unión del gancho, el paracaídas y el traje aéreo, constituyen el bloque principal que el jugador debe dominar, por su cantidad de posibilidades de uso y su necesidad para superar las distintas misiones.

En cuanto al uso de los vehículos, estos se pueden almacenar, para tenerlos a disposición posteriormente, llevándolos a los garajes que los rebeldes nos proporcionan en cada pueblo que liberamos. No todos podrán ser almacenados, ya que los importantes, es decir, tanques, helicópteros o aviones, solo podrán adquirirse cuando avancemos en las misiones. Todos los que veamos por calle podrán ser utilizados, estén ocupados en ese momento o no. Respecto al manejo, algunos vehículos tienen un manejo algo tosco y poco natural, siendo el más destacable el manejo de los helicópteros.

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EN MEDICI HAY TIEMPO PARA TODO

A parte de nuestra de liberar la República de Medici, también hay lugar para disfrutar, mejorar y realizar otras interesantes actividades. Conforme vayamos liberando los territorios ocupados y avanzando en la misión principal, iremos desbloqueando misiones secundarias, que no serán más que distintas pruebas cronometradas, de carreras de distintos vehículos, de planeo con el traje aéreo, de máximo destrucción, de puntería, etc, que otorgaran según la puntuación obtenida unas piezas que desbloquearan de manera automática, no pudiendo en ningún momento elegir el jugador, distintas mejoras del personaje, referentes a su capacidad de manejo de vehículos, anclaje, explosivos, destrucción, armas, puntería y desplazamiento con paracaídas y traje aéreo.

Además, también encontraremos otra serie de misiones creadas de forma aleatoria y repentina, solo disponibles si estamos conectados a internet, que no sirven sino para darle más dinamismo y vida al título.

Por último, podemos recopilar los distintos coleccionables, unos 227 en total, en los que encontramos entre otros, cintas grabadas por el propio general que hablan sobre su vida, partes clásicas para desbloquear armas especiales o tumbas antiguas. Sin olvidar la cantidad de ‘huevos de pascua’ que Square Enix ha colocado a lo largo del mapa: algunos como el martillo de Thor, una referencia a la hoguera de Dark Souls, el portal de Stargate o la espada de Cloud.

CUANDO TU PEOR ENEMIGO ES EL AGOTAMIENTO

Pues eso, que los mercenarios ni son mercenarios ni son nada, y el ejército más de lo mismo. Son bastante monjitas, hacen poco daño, y el mayor peligro que se presenta es que una explosión te alcance y vueles por los aires. Para que los propios soldados acaben contigo deben de dispararte varios a la vez o que te alcance un misil de un helicóptero o de un barco. Por ello, el peor enemigo que puedes encontrarte es el hastío, por tener que repetir una tras otra la liberación de la ingente cantidad de asentamientos que Di Ravello domina.

Nosotros por otro lado, somos como Rambo, entramos al meollo y disparamos a todo lo que se mueva. Just Cause nunca ha destacado por su parte de shooter, ya que la calidad de los tiroteos es mala, en el sentido de que no importa apuntar, sino simplemente gastar munición. Aunque por otro lado, esto da dinamismo y frenetismo a la hora de afrontar las misiones, ya que Rico Rodriguez no se resguarda en coberturas ni piensa donde disparar, sino que corre y dispara, salta y dispara, vuelta y dispara.

Avalanche Studios ha conseguido hacer un buen trabajo en la recreación de la ficticia Republica de Medici. Con una ambientación mediterránea, muy de costa de italiana, nos encontramos paisajes boscosos y pueblos costeros, de fachadas blancas y azules y de balcones mirando al mar. Pueblos que contrastan con los asentamientos militares, repletos de elementos clónicos de una estación a otra, provocando la sensación de haber pasado varias veces por el mismo sitio. La inmensidad del mapa, la distancia de dibujado tan amplia y la ambientación de los pueblos son un punto bastante a favor, que aun así no terminan de explotar por completo las posibilidades que esta generación ya ha demostrado.

Pero lo que sí han logrado crear de forma excelente, es el entorno volátil que nos rodea. Las explosiones no se generan de manera automática, sino que se producen según las provoquemos. Si colocamos el explosivo en la base de una torre, la torre se desplomará por completo desde abajo, mientras que si la colocamos por la mitad, solo cederá la mitad de la estructura. A esto se une el sistema de partículas, que recrea explosiones vivas. Los elementos de las estructuras que explotan, aunque no nos puedan dar, vuelan uno a uno por encima de nuestras cabezas, quedando desparramados por los suelos, llegando a sentir la verdadera magnitud de las detonaciones.

En contrapartida, tenemos la falta de estabilidad de la tasa de frames; muy obvio si tenemos en cuenta las situaciones tan caóticas que en pantalla se reproducen al ocasionarse las más que comunes cadenas de explosiones. Esta bajada de frames solo se produce en estas situaciones, pero al ser estas muy asiduas, seremos unos testigos constantes de la falta de estabilidad del título. La otra pega que podemos poner son los inmensos tiempos de carga, pudiendo tardar desde los 45 segundos hasta los dos minutos y medio perfectamente. Esto agobia mucho cuando no solo se produce en la carga principal del juego, sino cada vez que volvemos a comenzar una misión tras perecer.

En el apartado sonoro, el trabajo también ha sido destacable, con la mención especial de que nos llega completamente doblado a nuestro idioma, cosa que se agradece cuando no podemos hacer de Rambo y leer a la vez. Los efectos sonoros de las explosiones están gratamente conseguidos, teniendo algo menos de calidad el sonido de las armas, aunque sin llegar a desentonar. La música que nos acompaña es meramente presencial, adaptándose a cada momento con atino, pero sin demasiada variedad.

Fuente: GeneracionPixel.com

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